Qué es realmente la inversión de impacto
Es aquella inversión que además de un retorno financiero, busca un efecto positivo y medible.
A diferencia de la inversión basada en ESG o responsable, no basta con no hacer daño, tiene que haber un impacto positivo..
SpainNAB, la entidad de referencia del sector en España, la define en un código de Buenas Prácticas alrededor de tres pilares:
Intencionalidad.
El proyecto tiene que nacer con la intención clara de resolver un problema social o medioambiental. No vale que el impacto aparezca como un efecto secundario.
Medición y gestión del impacto.
No basta con decirlo. Hay que medirlo con datos concretos, de forma continua, y usar esos datos para mejorar la gestión.
Adicionalidad.
El proyecto tiene que financiar algo que el mercado convencional no está cubriendo.
El dato incómodo, impact washing:
Impact washing es vender como transformación social o medioambiental algo que no genera impacto real, o no en la medida que se anuncia, o se mide mal a propósito
Lo dice el propio SpainNAB, reconociendo en su propio Código de Buenas Prácticas que el impact washing es la mayor amenaza para la integridad de la inversión de impacto.
Por eso han puesto unas reglas. Un código de buenas prácticas con principios claros.

El problema de fondo: nadie te obliga a demostrarlo
Y aquí viene la parte que menos se cuenta: ese Código de Buenas Prácticas es voluntario.
A nivel europeo, se exige que cualquier fondo que use la palabra «impacto» debería destinar al menos el 80% de su cartera a inversiones que cumplan objetivos sociales o medioambientales reales.
Pero esto solo alcanza a fondos. Si eres una empresa, puedes llamarte «de impacto» sin que ningún regulador te pida nada.
Y lo que sigue sin exigirse, ni a fondos ni a empresas, es la verificación externa de los datos de impacto que se reportan.
La normativa de los fondos obliga a declarar un porcentaje. No obliga a que nadie compruebe si ese impacto reportado es cierto.
Lo que sigue sin exigirse es la verificación externa de esos datos.
Las señales para detectar impact washing
Con todo esto, hay tres preguntas que sirven como filtro rápido ante cualquier proyecto que se venda como «inversión de impacto»:
- ¿Hay una intención declarada desde el principio?
- ¿Hay datos concretos y públicos o solo hay discurso?
- ¿Alguien externo ha verificado esos datos?
Rentabilidad vs. propósito: el falso dilema
No estamos hablando de ONGs ni de donaciones.
La inversión de impacto son empresas, que buscan ser rentables, buscan rentabilidad e impacto.
Hay casos donde obtienen rentabilidades similares a las de sus mercados, y otras donde si se sacrifica rentabilidad.
Por ejemplo tuTechô, la socimi que compra viviendas para alojar a personas sin hogar o en exclusión, tiene como objetivo declarado una rentabilidad neta del 3%, la mitad de lo que ofrece el sector inmobiliario convencional.
Cuando impacto y negocio normal se parecen demasiado
Y también hay otro perfil de inversor de impacto, que prioriza otra cosa:
Empresas muy escalables, muchas veces tecnológicas, con altas rentabilidades, y con impacto.
Cada fondo pone sus propios requisitos, pero a veces se parecen demasiado a los fondos de capital riesgo tradicionales.
Transparencia en los datos: el verdadero diferenciador
La transparencia es la única forma real de demostrar el impacto, con datos claros, medibles y comprobables.