Queremos reformas rápidas y baratas, normal que no haya albañiles.

Cada vez que se habla de vivienda, de reformas o de rehabilitación, aparece la misma frase: “no hay albañiles”. Vamos a intentar entender por qué no los hay. ¿Es la causa de que no hay obras ni vivivenda?

Sí hay gente dispuesta a trabajar, lo que no hay son condiciones atractivas para trabajar en este sector.

Albañilería: Un oficio durísimo… y mal pagado

Ser albañil no es una profesión cualquiera. Es esfuerzo físico, frío, calor, polvo, cargas, riesgos y un nivel de responsabilidad enorme.
Pero el mercado sigue pagando como si esto fuera un oficio secundario.

Si un trabajo es exigente, duro y además mal remunerado, la consecuencia es obvia: los jóvenes no entran y los veteranos se marchan o se jubilan sin relevo.

No es falta de vocación. Es falta de lógica.

El problema no es la escasez: es el modelo de negocio.

Durante años se ha intentado resolver el problema diciendo “es que no hay mano de obra”, como si fuera algo inevitable. No lo es. Es ajustar los precios al máximo para ser competitivos.

El verdadero problema es que se ha mantenido un modelo basado en precios ajustados y márgenes inciertos, donde:

  • se subcontrata en cadena,
  • se regatean presupuestos,
  • se aprieta en plazos y en precio,
  • y se espera milagros por cuatro duros.

Con ese escenario, es imposible atraer y retener profesionales cualificados.

Un agente inmobiliario entregando las llaves de un piso caro contra un pobre albañil sucio y contando monedas

El absurdo: pagar cientos de miles por un piso y regatear 2.000 € para la reforma.

A día de hoy, estamos pagando barbaridades por un piso en una ciudad, a veces viejo, con mala eficiencia energética y lleno de reparaciones pendientes… Pero cuando llega el momento de reformarlo, de repente todo es “caro”.

La vivienda es el activo más caro que compra una familia en su vida, pero pretendemos que quienes la hacen habitable sigan cobrando salarios de hace dos décadas.

No es que las reformas sean “caras”. Es que nunca han costado lo que realmente valen. Y ahora el sector está pagando la factura.

La única forma de que haya albañiles es hacer atractivo ser albañil

Si queremos reformas, rehabilitación, eficiencia energética y vivienda accesible, necesitamos personas.
Y si queremos personas, tenemos que asumir una realidad tan simple como evidente: hay que pagar mejor y ofrecer mejores condiciones.

No se puede pedir calidad y compromiso pagando como hace 20 años. No se puede pedir profesionalidad cuando el discurso siempre es “hay que bajar el precio”.

En este contexto solo quedan tres caminos:

En mi opinión, el sector está llegando a un punto de no retorno. Y las alternativas son muy claras:

1) Sacrificar rentabilidad en las obras.

Pagar mejor cuesta dinero. Y alguien tiene que asumirlo. Sino es el cliente tienen que ser las empresas.

2) Dejar de competir por precio y ajustar los presupuestos a la realidad.

Una reforma cuesta lo que cuesta si se quiere hacer bien, con profesionales estables, seguros, formados y bien pagados. Seguir peleando por ser el más barato nos lleva directo al colapso.

3) Cerrar

Muchas empresas ya lo están haciendo. Si no cobras lo que deberías a tus clientes, no puedes pagar salarios y no queda otra que cerrar el «negocio»

Sin trabajadores no hay reformas

Ni rehabilitación energética, ni eficiencia, ni vivienda asequible, ni regeneración urbana, ni nada.
Todo lo que queremos construir depende de un oficio que se está quedando sin manos precisamente porque no lo estamos cuidando.

Cada vez que se habla de vivienda, de reformas o de rehabilitación, aparece la misma frase: “no hay albañiles”. Pero la pregunta importante no es repetir ese mantra, sino entender por qué no los hay.

Y la respuesta es incómoda: sí hay gente dispuesta a trabajar, lo que no hay son condiciones que hagan atractivo trabajar en este sector.

Un oficio durísimo… y mal pagado

Ser albañil no es una profesión cualquiera. Es esfuerzo físico, frío, calor, polvo, cargas, riesgos y un nivel de responsabilidad enorme.
Pero el mercado sigue pagando como si esto fuera un oficio secundario.

Si un trabajo es exigente, duro y además mal remunerado, la consecuencia es obvia: los jóvenes no entran y los veteranos se marchan o se jubilan sin relevo.
No es falta de vocación. Es falta de lógica.

El problema no es la escasez: es el modelo

Durante años se ha intentado resolver el problema diciendo “es que no hay mano de obra”, como si fuera algo inevitable. No lo es.

El verdadero problema es que se ha mantenido un modelo basado en precios ajustados y márgenes inciertos, donde:

  • se subcontrata en cadena,
  • se regatean presupuestos,
  • se aprieta en plazos y en precio,
  • y se espera milagros por cuatro duros.

Con ese escenario, es imposible atraer y retener profesionales cualificados.

La única forma de que haya albañiles es hacer atractivo ser albañil

Si queremos reformas, rehabilitación, eficiencia energética y vivienda accesible, necesitamos personas.
Y si queremos personas, tenemos que asumir una realidad tan simple como evidente: hay que pagar mejor y ofrecer mejores condiciones.

No se puede pedir calidad y compromiso pagando como hace 20 años.
No se puede pedir profesionalidad cuando el discurso siempre es “hay que bajar el precio”.

En este contexto solo quedan tres caminos

Desde mi experiencia, el sector está llegando a un punto de no retorno. Y las alternativas son muy claras:

1) Sacrificar rentabilidad

Pagar mejor cuesta dinero. Y alguien tiene que asumirlo.
Si no se suben presupuestos, el margen baja. No hay magia.

2) Dejar de competir por precio y ajustar los presupuestos a la realidad

Una reforma cuesta lo que cuesta si se quiere hacer bien, con profesionales estables, seguros, formados y bien pagados.
Seguir peleando por ser el más barato nos lleva directo al colapso.

3) Cerrar

Muchas empresas ya lo están haciendo. No encuentran personal, no pueden subir salarios con los precios actuales y no compensa seguir peleando.

Sin trabajadores no hay reformas

Ni rehabilitación energética, ni eficiencia, ni vivienda asequible, ni regeneración urbana, ni nada.
Todo lo que queremos construir depende de un oficio que se está quedando sin manos precisamente porque no lo estamos cuidando.

Vídeo explicativo del por qué no hay albañiles en España

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