¿Ferias de artesanía o mercadillos disfrazados?

El otro día fui a una «feria de artesanía» medieval en un precioso pueblo, Cornago.

La feria estaba bien, el pueblo precioso y medieval, muy bien ambientado, teatro en el castillo, unos cuantos puestos muy interesantes como la forja el telar, exhibición de aves rapaces…

Pero yo no la vendería como una feria de artesanía medieval cuando hay puestos que ni siquiera son artesanía ni medievales ni nada parecidos, más bien de feria de fiestas o mercadillo semanal de pueblos.

Resulta que he estado investigando y además tengo un amigo artesano de los de verdad, con su propio taller, Rubén, de Obradoiro de Coiro y he llegado a unas cuantas conclusiones:

¿Es lícito venderse como feria de artesanía medieval cuando muchos de los puestos no lo son?

La promoción presentaba el evento como unas jornadas de artesanía medieval y anunciaba un mercado de artesanía con alimentos, decoración, bisutería, labores de punto de cruz y jabones artesanos.

No creo que ni el 20% fueran artesanos de verdad, el resto podías ver desde puestos de zapatillas de andar por casas chinas, típico de mercadillo de pueblo, hasta juguetes de plástico que venden en las ferias de las fiestas, pasando por otros tantos.

El tema de la comida quizás es más entendible, que tienen que facturar y la gente tiene que comer, pero no creo que hubiera comida rápida en la edad media.

Un callejón de una feria medieval con una artesano del cuero trabajando exponinedo sus artículos y en el puesto de enfrente un puesto vendiendo artículos baratos chinos

La realidad sobre las ferias de artesanía y fiestas medievales

Otro de los melones que abrió Rubén es la reventa, en muchos eventos anunciados como artesanales conviven personas que realmente producen cada pieza con otras que compran productos terminados para revenderlos. 

Desde fuera, los puestos pueden parecer muy similares, pero unos los hacen a mano con muchas horas de dedicación y años de práctica y los otros los venden con un margen mayor y a menores precios algunas veces.

Esto se ha llamado toda la vida competencia desleal y lo curioso es que como los revendedores son mayoría, los verdaderos artesanos no pueden hacer mucho, ya que los organizadores cobran por puesto…

No es que la reventa sea ilegal ni que todo producto revendido sea industrial, también puede haber piezas hechas a mano en otros países, pero en algunos casos veréis productos masificados que se pueden comprar en cualquier portal de internet a precios muy bajos.

¿Qué es la artesanía realmente?

Para Rubén, los oficios artesanales son aquellos que ya se practicaban antes de la revolución industrial en los que la materia prima procedía directamente de la naturaleza y el artesano trabajaba con métodos manuales para convertirlos en objetos útiles o decorativos.

La definición general permite herramientas o maquinaria auxiliar si no sustituyen por completo la intervención personal.

En España no hay una única regla que sirva para acreditar a todos los artesanos. La regulación y los registros dependen de las comunidades autónomas y los criterios varían.

En ciertas regiones existe una calificación oficial de artesano o empresa artesana, vinculada a determinados oficios en los que son determinantes la intervención personal y el conocimiento técnico.

Desde el Obradoiro do Coiro hacen también otra distinción: no todo trabajo hecho a mano es artesano, algunos deberían ser llamados artísticos, ya que crean algo desde un objeto ya fabricado, como por ejemplo pinturas y decoraciones en cerámica y otros materiales.

El público rara vez conoce estas diferencias, ve carteles de “artesanía” y puestos con apariencias parecidas. Si la feria no explica quién fabrica, quién transforma y quién revende poca gente sabe la realidad.

Quién organiza estas ferias y de dónde salen los ingresos

No hay un único modelo:

Hay ayuntamientos que organizan las ferias directamente y otros que contratan a una empresa o ceden la organización y la explotación comercial del mercado. 

La empresa puede pagar un canon al Ayuntamiento y recuperar la inversión cobrando a quienes ocupan los puestos. También hay contratos en los que el Ayuntamiento paga el servicio y establece qué puede cobrar la empresa a los vendedores.

La forma de seleccionar los puestos también cambia mucho. 

Algunas ferias de artesanía piden acreditar el oficio, explicar cómo se elaboran los productos y presentar fotografías del proceso y del puesto. Es lo que deberían hacer todas las que se denominen artesanas.

En muchos mercados medievales, además, la organización está en manos de empresas especializadas en producir eventos y mercados temáticos.

Su trabajo consiste en cerrar acuerdos con los ayuntamientos, montar la decoración y la animación, organizar los espacios y captar a los vendedores. 

Son profesionales de la gestión de eventos y rentabilizarlos, no en seleccionar verdaderos artesanos. 

La hostelería es una parte muy importante, la comida suele ser de lo más rentable y algunas de estas empresas gestionan directamente varios puestos de comida.

¿Deberíamos dejar que ciertos mercadillos sigan disfrazándose de ferias de artesanía o medievales?

La solución quizás no pasa por prohibir la reventa, quizás hay que explicar qué se vende y quién lo fabrica. 

Una feria puede incluir artesanía, productos artísticos o artesanales de terceros, comercio, gastronomía, atracciones y actividades temáticas. 

Lo razonable es que las categorías estén claras y que la promoción no presente todo como si fuera lo mismo.

Deja un comentario