El Banco de España acaba de publicar su Informe Anual 2025 y la cifra que ha copado titulares es contundente: el déficit de vivienda alcanza las 750.000 unidades, un 25% más que la estimación de hace apenas un año.
La causa, según el propio informe, es sencilla de enunciar: en 2025 se crearon 240.000 hogares nuevos, mientras que solo se terminaron 92.000 viviendas, un 9% menos que el año anterior. La brecha entre demanda y construcción se ha convertido en estructural, y el propio supervisor lo advierte: «el problema no se ataja con medidas por el lado de la demanda, sino de la oferta».
Ese diagnóstico es correcto, pero incompleto. Y la parte que falta es la que cambia por completo la conversación.
Realmente sobran: Hay casi 4 millones de casas vacías.
Según el último Censo de Población y Viviendas del INE, España tiene 3,8 millones de viviendas vacías. Un 14,4% de todo el parque residencial del país. No es una cifra marginal ni un residuo estadístico: es equivalente a más de cinco veces el déficit que el Banco de España considera alarmante.
El detalle importante no es solo el volumen, sino la distribución. La incidencia de vivienda vacía supera el 25% en nueve provincias: Ourense (42,7%), Lugo (36,3%), Teruel, León, Soria, Segovia, Zamora, Ciudad Real y Cuenca. Son, casi sin excepción, provincias del interior con procesos de despoblación consolidados desde hace décadas.
Mientras tanto, el déficit de 750.000 viviendas que preocupa al Banco de España se concentra en solo seis provincias: Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante, Murcia y Málaga.
Es decir, el área metropolitana y la costa. Justo donde la vivienda vacía escasea, y donde construir más suelo es, en la práctica, cada vez más caro y más lento.

Por qué la solución oficial se queda corta
El plan del Banco de España, simplificar regulación, liberar suelo, agilizar licencias, ataca el problema desde el único ángulo que la política puede controlar directamente: la construcción de vivienda nueva.
Pero construir más viviendas nuevas en Madrid o Barcelona no resuelve el hecho de que, a 300 kilómetros, hay pueblos enteros con un tercio de sus casas cerradas y sin uso.
No se trata de plantear que toda persona sin vivienda en Madrid debería mudarse a Ourense.
Pero el debate público sobre vivienda en España sigue tratando el problema como si fuera exclusivamente una cuestión de volumen total de construcción, cuando en realidad es, una cuestión de dónde está el parque existente y por qué no se moviliza.
Y no seguir hablando solo de construir más donde ya no cabe nada, e ignorando un parque de casi 4 millones de viviendas que sobra.