El negocio de la despoblación

España lleva décadas luchando contra la despoblación rural. Organismos, leyes, estrategias, fondos europeos…

Millones de euros «invertidos» pero los pueblos siguen vaciándose igual. Hay un gran negocio detrás.

Organismos que fracasan y luego nacen otros más grandes

En enero de 2017, el gobierno de Rajoy creó el Comisionado del Gobierno frente al Reto Demográfico. Su misión: elaborar una Estrategia Nacional contra la despoblación.

En 2020, el gobierno de Sánchez lo cerró porque no había cumplido sus objetivos.

La solución fue crear uno nuevo, más grande: la Secretaría General para el Reto Demográfico, con su propia Dirección General de Políticas contra la Despoblación. En 2022 su presupuesto se triplicó.

Cada autonomía, sus propios organismos

El patrón se repite a escala regional. Cada comunidad autónoma ha montado su versión del mismo experimento.

Consejos de Políticas Demográficas, Consejos de Dinamización Demográfica, Comisionados del Reto Demográfico autonómico, Observatorios de Dinamización Demográfica con sus correspondientes estructuras de ejecución.

El mismo modelo que ya fracasó a nivel nacional, replicado en miniatura.

Más de 200 grupos cobrando por gestionar fondos

Por debajo de toda esta arquitectura política está la maquinaria que mueve el dinero europeo: los Grupos de Acción Local, conocidos como GAL, que gestionan los fondos LEADER.

En España hay más de 200. Cada uno con su gerente, sus técnicos y trabajadores.

Solo en La Rioja, hay tres.

¿Y quién les paga? El FEADER europeo pone el origen del dinero. La comunidad autónoma cofinancia y canaliza. El Estado central añade una pequeña parte. Los GAL ejecutan.

Edificio de oficinas moderno del organismo contra la despoblación, con un pueblo abandonado de fondo

Empresas y consultoras contra la despoblación que dicen todas lo mismo

Alrededor de toda esta estructura ha crecido un negocio paralelo: consultoras privadas de «desarrollo rural estratégico», fundaciones de «cohesión territorial», plataformas de «innovación rural».

Cualquiera puede comprobarlo entrando en sus webs. Las frases son siempre las mismas.

«Generamos proyectos de impacto rural positivo.»
«Somos la inspiración para un mundo rural innovador y cohesionado.»
«Regeneramos economías glocales mediante la innovación.

«Dinamización del mundo rural»

No digo que no las haya buenas, pero los números hablan, millones después y los pueblos no han mejorado mucho.

¿De qué viven? De contratos públicos y subvenciones autonómicas. Su cliente no es el pueblo. Su cliente es la administración que les paga.

Y la administración no mide resultados, mide actividad: talleres realizados, informes entregados, jornadas celebradas, powerpoints…

Dónde va el dinero en la práctica

Hay 2 partidas del dinero de los fondos LEADER

Dinero para negocios

El LEADER les da una subvención (entre el 35% y el 65% de lo que cuesta el proyecto) para que lo hagan. Esto sí genera empleo, actividad económica real, fijación de población.

Dinero para ayuntamientos

Aquí no hay negocio detrás. Es obra pública pagada con fondos europeos.

El problema del repardo de los fondos:

Cuando la economía va mal la gente no pide subvenciones para negocios. Pero el dinero europeo sigue llegando igual, así que todo se desvía a los ayuntamientos que en muchos casos no acaban de utilizarlos del todo bien:

Lavaderos restaurados. Hornos de pan recuperados. Centros de interpretación del lobo, de la trufa, del románico, construidos en pueblos de ochenta habitantes. Inauguración con foto y nota de prensa.

Muchos de ellos, dos años después, abandonados, cerrados por falta de presupuesto municipal para mantenerlos. Visitados por un puñado de personas al año.

El dinero se gastó. y el impacto en ningún sitio.

Lo que nadie resuelve

El gran problema es que no hay vivienda habitable a un precio razonable. Y mucho menos de alquiler.

Y ese problema no lo resuelve ningún informe, ninguna estrategia, ningún observatorio.

Mientras se siguen creando organismos, y gastando millones, los pueblos siguen vaciándose.

El negocio de la despoblación, en cambio, no ha dejado de crecer.

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