El alquiler de habitaciones en España, ¿parte de la solución o un síntoma del problema?

El alquiler de habitaciones está creciendo en casi todas las ciudades, y no sólo entre jóvenes. Cada vez más personas lo usan porque no se pueden permitir el alquiler de una vivienda completa.

Alquilar una habitación por necesidad, no por elección.

En mi época apenas se alquilaban habitaciones, los estudiantes alquilaban el piso entero para ellos, los amigos que se querían ir de casa lo mismo, y las parejas alquilaban estudios.

Siguen existiendo estudiantes, jóvenes en prácticas o trabajadores desplazados que necesitan una solución temporal y flexible. Pero cada vez hay más personas que comparten piso sin querer hacerlo. 

El precio del alquiler y la imposibilidad de acceder a una hipoteca están empujando a alquilar habitaciones como única alternativa viable. 

Por lo que el alquiler de habitaciones es la única opción para cientos de miles, quizá incluso superan el millón

Además los precios tampoco son asequibles

Según los últimos informes de Fotocasa y pisos.com, el precio medio de alquilar una habitación en España se sitúa entre 430 y 520 euros mensuales, con Madrid y Barcelona superando incluso 600€ euros en zonas céntricas. 

Idealista, por su parte, confirma una tendencia similar con subidas contínuas.

Lo que demuestra que ya no es una opción económica, sino la última opción para quienes no pueden asumir el precio de una vivienda completa.

Son datos de portales privados, ya que no existe una estadística oficial del INE o del Ministerio de Vivienda sobre el alquiler por habitaciones.

El atractivo de alquilar  habitaciones Más control y rentabilidad y menos riesgos

Las regulaciones recientes, la complejidad legislativa y la desconfianza de muchos propietarios ante impagos u ocupaciones también han ayudado a que este modelo crezca.

Algunos pequeños inversores han pasado del alquiler tradicional al alquiler por habitaciones porque les da más control, más rentabilidad y más seguridad

El contrato suele considerarse un arrendamiento de temporada o de habitación, regulado por el Código Civil y no por la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) que protege la vivienda habitual. 

El régimen es menos rígido, los plazos pueden ser más cortos y las prórrogas obligatorias no se aplican igual que en un alquiler de vivienda completa.

La ocupación ilegal es menos frecuente en habitaciones, porque no se trata de un inmueble vacío.

En caso de impago, el procedimiento judicial puede ser más rápido si está bien redactado como contrato de temporada.

La inversión de moda en redes sociales: Alquilar habitaciones y rent to rent

Cada vez es más habitual ver a jóvenes y pequeños inversores presumiendo de transformar un piso de tres habitaciones en cinco o seis, alojando más de 10 personas que comparten una sola cocina y dos baños. Con unas rentabilidades asombrosas.

O también el modelo Rent to Rent: un intermediario alquila un piso completo, hace una reforma superficial (o ni eso) y lo explota por habitaciones sin necesidad de comprar la vivienda.

Se presenta como un negocio escalable, con poco riesgo, sin necesidad de capital y obteniendo beneficios desde el primer mes, lo que lo convierte en una opción atractiva para quienes buscan ingresos rápidos.

Muchos propietarios también lo ven con buenos ojos porque delegan la gestión y cobran algo más.

Pero por el otro lado, la búsqueda de rentabilidad empuja a dividir viviendas al límite y en bastantes ocasiones no en las mejores condiciones.

En otras palabras, puede convertirse fácilmente en una versión moderna de infravivienda. 

El mercado negro de las habitaciones: La infravivienda.

La cara más dura de este fenómeno aparece en el realquiler informal.

Organizaciones como Cáritas y FOESSA alertan de que miles de personas, muchas de ellas sin papeles o sin estabilidad laboral, viven en habitaciones sin contrato, sin posibilidad de empadronarse y en condiciones que rozan la infravivienda

En estos pisos compartidos es habitual la sobreocupación, con familias enteras pagando precios desorbitados por un espacio mínimo. 

Este mercado opera al margen de cualquier protección, lo que deja a quienes viven ahí totalmente expuestos y fuera de las estadísticas oficiales.

¿Deberían regularse estos alquileres?


El alquiler por habitaciones no es malo por definición. Es útil para estudiantes, trabajadores en movilidad temporal, personas que buscan flexibilidad o quienes desean vivir compartiendo un piso.

El problema no es el formato, sino las condiciones en las que se está desarrollando. 

Limitar precios está comprobado que no funciona, pero quizás la clave puede estar en garantizar habitabilidad, número máximo de personas por vivienda, baño y cocina, ventilación, superficie mínima y derechos básicos como el empadronamiento.

El alquiler de habitaciones seguirá creciendo mientras el mercado continúe tensionado. Puede ser parte de la solución o parte del problema, según cómo se regule y cómo se utilice

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